Reconóceme entre la gente que lees, si...
Ese flaco desgarbado, que camina viéndote en su futuro soy yo…
Darío.
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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Venezuela: Dos caras de una misma moneda.


Cuando lo vio no lo reconoció, todo paso muy rapido, solo vio al hombre tendido en el suelo abrazado a una bandera de Venezuela, eran ya las cinco de la tarde y todo estaba lleno de humo y de olor a pólvora, la gente corria en todas direcciones asustada porque estaban disolviendo la manifestacion a tiros, una manifestación de las tantas que hay hoy en día por el descontento de la situacion del país: Hay que voltearlo para poder saber quien es, oyó que dijo alguien y él arrodillado a su lado en ese momento lo hizo para quedar presa del horror, su hermano yacía en el suelo, en sus brazos, mirándolo fijamente, en sus ojos vio retratada toda una vida, eran gemelos idénticos y hasta hace poco eran los mejores amigos, habían nacido solo con tres minutos de diferencia y a veces ni su madre podía identificarlos, recordó como en el colegio se cambiaban de escritorio para presentar los exámenes del otro y como para quedar bien, hasta uno había tenido que ir al cine con la novia del otro.
Vio como esos inmensos ojos verdes heredados de su abuelo italiano, lo veían el día de su graduación de bachilleres, como al darle el diploma el director del colegio lo primero que hizo su hermano fue voltear a abrazarlo, el amor que se profesaban era inmenso, eran uno solo en dos cuerpos.
También recordó el día que llego a su casa entusiasmado a contarle a su hermano que estaba haciendo las pasantias en el tribunal de justicia, estaban a punto de culminar sus carreras, el de abogado, su hermano de periodista, su hermano lo miro con reserva y después le tendió la mano para felicitarle,

Comenzaron las discusiones por las ideas políticas, el no entendía como su hermano, podía ir en contra del gobierno, como iba en contra de un presidente bueno y caritativo con los pobres, con los países hermanos, un presidente a quien se le inventaban tantas calumnias, como la de ese maletín de dólares, que metió la oposición en Argentina para inculpar al gobierno, su hermano estaba equivocado y el se veía imposibilitado de hacerlo entender, recordaba como cuando la oposición, esos oligarcas ricachones llamaban a una marcha, su hermano era el primero que iba vestido con su bandera tricolor y lo veía a él con desprecio por vestir su honorable camisa roja.
Paso sus largos dedos por el rostro de su hermano, ahora manchado de sangre y fue como verse en un espejo, pero con una cara de horror que el nunca había visto en esas facciones tan hermosas y tan amadas, veía como en la cara de su hermano caían gruesas lagrimas derramadas por el mismo y el mundo a su alrededor seguía su curso, la gente corría en todas direcciones, se escuchaban gritos y disparos, los flashes de las cámaras de los demás periodistas no dejaban de disparar, matando a su hermano una y otra vez.
Recordó la ultima discusión: habían cerrado unas emisoras de radio de unos oligarcas que solo las usaban para arengar en contra de su presidente, su hermano y hasta sus padres estaban indignados y su madre trataba de hacerle entender que era la voz del pueblo la que estaban callando, la voz del pueblo, como si cuatro locutores vendidos al imperio Norteamericano fueran el pueblo, su madre le dijo que no eran solo cuatro locutores, que eran mas de cuarenta emisoras de radio, pero el no hizo caso, salio de la casa dando un portazo y se monto en una flamante motocicleta que le dieron en el partido, para patrullar la marcha de la oposición y que no llegaran a donde tenían planeado llegar, porque seguro que tramaban un golpe de estado contra su presidente y hasta podrían matarle y el eso no lo iba a permitir, así fuera su propio hermano quien manifestara.
Sintió un ardor en el pecho, el llanto no lo dejaba respirar, su hermano con sus ojos verdes lo veía desde la muerte con la mirada fija en él desde el mas allá, no sintió el disparo, solo un gran ardor que atribuyo al dolor de ver a su hermano muerto en sus brazos, sus lagrimas, esas que caían en la cara de su gemelo ahora no eran agua salina, eran gotas de sangre, de la misma sangre que tenia el hombre muerto que yacía en sus brazos, comprendió que estaba herido, que la vida se le iba y que como su hermano, iba a morir, por su país, por un país dividido, por un país que estaba en guerra, pero con ellos mismos, con al familia y con sus raíces, un país que tenia tiempo ya reclamando vidas y que ahora se los llevaba a ellos, se inclino y beso a su hermano, se arropo con su bandera y pensó: que no había mejor lugar para morir que sobre su hermano muerto y por su patria, Venezuela.

Darío.